Cuando llueve y nieva pasan cosas extrañas. Las mitologías parecen más reales. Los pensamientos se vuelven más sensatos, sinceros, razonables, maduros. Todo cobra sentido...

viernes, 17 de septiembre de 2010

Las vueltas del destino


¡Hola de nuevo a tod@s! En esta ocasión, les dejo el segundo capí de esta gran serie. Posiblemente sean escasos los capitulos de esta serie, pero espero que de todos modos la disfruten. Con cariño. Daniela.

POV Edward

Habia pasado mucho tiempo desde que estado enserado en esta soledad. Habian pasado casi cien años desde que me combatí en este ser, con corazón de piedra. Un moustro, una bestia.

En ese momento, escuche el trote de un caballo, en seguida, el de una manada de lobos. Un hombre grita.

- ¡Vamos, Eclipse! ¡A toda velocidad! - le ordenaba al caballo.

Salí de mi habitación como un rayo. Cruce el castillo en menos de dos segundos; como si mi vida dependiera de ello. Sin saber por que, tenia el extraño presentimiento de conocer lo que siempre habia estado hanciado. Afuera, después de las rejas, se escuchaba que el sonido provenia de un barranco cercano. Esta callendo una terrible tormenta.

Llegé hasta el lugar. En cuanto los lobos me vieron, huyeron despaboridos; sabian que no pueden contra mi. En la orilla, un caballo, negro como el azabache, estaba a punto de caer. Llegé hasta él y lo carge hasta un lugar seguro. Un hombre se encuntraba profundamente herido, sobre la silla del corsel. Su corazón estaba empezando a fallar.

- Vamos, resista - le dije mientras lo empiezaba a cargar para dirigirme al castillo. Impresionantemente, el olor de la sangre no me afectaba en absoluto.

- No, no. Espera hijo, dejame aquí - susurro con voz débil y apagada. Lo deje en el suelo y me incliné ante él.

- Hijo - continua - porfabor, cuida de mi Isabella. Cuidala como a nadie mas en el mundo - en su mente apareció una joven, de aproximadamente diecisiete años. Sus ojos me himnotizaron. Su piel era blanca como el marfil, su cabello ondualdo de un café oscuro, su sonrisa amplia y sincera. Nunca había visto a un ser hermoso. Nunca había visto a una mujer tan hermosa.

- Pero señor... - intenté protestar. "No me conseidero digno" pensé para mi. Investige el nombre de aquel hombre. Chalie. Chalie Swan.

-Prometemelo - me ruega.

-¡...lo juro! - esclamé.

- Bien - volteó a ver al caballo por ultima vez - Eclipse, no dejes sola a mi Bella.

Finalmente, su corazón se detuvo con para siempre en tranquilidad y paz.

El caballo relicho y atajo mi atención. Sus ojos daban la impresión de contener el llanto. Me miro fijamente, como si comprendiera lo que estuviera pasando, Y por fin, salio corriendo en dirección del bosque, al sur.


-¡¿QUÉ HICISTÉ QUE?!- me gritó Alice. Estaba completamente exasperada.

- Que lo deje ir sin saber en donde vive "ella" - repeti con benevolencia al recordar a aquella mujer.

-¡Hay, Edward! ¿Como pudiste? - Alice era el ama de llaves; pero también era como mi hermana, y terrible duende. Había esta esperando con paciensia que un día me enamoraría de una joven, y estaba completamente seguro que no descansaría hasta que Bella y yo fuéramos algo. Que tontería - ¡Ya me enojé!¡Ahora por eso ya no te hablo!

- Alice... - dijimos Jasper y yo. Jasper era el moso que daba la hora, y pues, la pareja sentimental de Alice.
- ¡No! ¡No descansare hasta verlos junto! ¡Y nadie me ha de cambiar de opinión -declaró pronfundamente furiosa.

POV Bella

El sonido de relinchos y trotes me despertó. Me levanté rápidamente y me cambie de ropa; apenas alcancé a cepillarme el cabello. Baje como un rayo las escaleras. Era muy extraño que mi padre llegara un día después de salir de viaje. Debía haberse tardado un semana.

Afuera se encontraba Eclipse.

-¡Eclipse!- exclame muy intrigada - ¿qué haces aquí?

Casi rebalé con el césped mojado, pero el cuello de animal me atrapó. Eclipse me jalo con el hosico la ropa, y me subió como pudo sobre su lomo, en el cual todavía se encontraba la silla de montar de Charlie. Salio disparado hacia el bosque. Con difilcultad a penas alcance las riendas.No intenté detenerlo. Sabia que algo malo le había pasado a Charlie, y que debía ir en su búsqueda.

Pasadas unas cuantas horas, me percaté que nos dirigíamos al norte. Enseguida, el corcel viró bruscamente hacia la derecha, y finalmente, se detuvo. Eclipse me señalo con la cabeza un árbol frondoso. Bajé de el caballo y me dirigí a donde me había indicado.

Había una cruz sobre una pila de tierra al pie del árbol. En letras talladas de forma brusca, salvaje y dulce, estaba escrito un nombre. Mi corazón se detuvo unos segundos después de leer aquel nombre tan familiar.

Charle Swan.

No... , no podía ser posible... mi padre... muerto... ¡No! ¡No era cierto! ¡Era imposible!... En un momento despertaría y todo volvería a la normalidad. Solo necesitaba un segundo más.

Corrí hacia el caballo, y me colgué a llorar en su cuello. No podía soportar lo que había visto. Aun podía ver su vivo y alegre rostro despidiendose de mi hace apenas un día. No podía estarme pasando esto, no a mí; que apenas me encontraba en mi plena juventud.

No menos de unos minutos, se escucharon los aullidos de unos lobos. Eclipse resoplo inquieto, aunque no asustado.

-Eclipse, vamos a casa- le indique mientras subía sobre su lomo. Esté se levantó.

No sabía que hacer. Posiblemente no me quedaría mas que casarme con Mike y vivir el resto de mis días como una "gran" señora casada. Y sin encontrar nunca a mi verdadero amor...

- ¡No, Eclipse! - exclamé al ver que habíamos en dirección equivocada; No dirigíamos de nuevo hacia el norte.

El corcel relinchó como si quisiera llamar la atención de algo.

Entonces, se escucharon los tan esperados gruñidos detrás nuestro. No quise mirar; sabía que se trataba de lobos. Me limpie las lágrimas para tener un mejor campo de vicion. Así que si hiba a morir, les vendería mi vida lo mas alto como me fuera posible. Iniciamos la carrera de persecución.

Derepente, un enorme castillo apareció ante nuestros ojos. La reja estaba abierta de par en par. Al penetrar, el caballo cerro la reja de una patada.

Cabalgaba con una agilidad imposible, en lo cual ya debía de haberme caído; pero apenas pude pensar en eso, ya que ahora nos encontrábamos frente al portón. Llovía a cantaros.

Me bajé de Eclipse y me recargue para tomar un respiro. Pero inesperadamente, la puerta cedió. Caí de espaldas, lo cual hiso que el caballo saliera corriendo hacía el interior del jardín principal.

- ¡No, Eclipse! ¡Ven! - exclamé.

Perfecto. Me tomaría horas encontrarlo, además de salir de este lugar tan lúgubre.

-¿Te encuentras bien? Me pregunto una voz dulce y musical.

Instintivamente, voltee la cabeza, y me encontré con el rostro mas hermoso de este mundo.

viernes, 10 de septiembre de 2010

Sufimiento y soledad ininternimables


¡Hola! Este es el primer capi de la serie "¿La Bella y la Bestia...?". Espero que les guste. Mando saludos a toda la escuela Claudina Thevenet, en especial al coro, que el viernes que viene vamos a ir a cantar el himno escolar. ¡Toda la suerte del mundo para ustedes, chavas! Feliz inicio de cursos para todos. Besos. Dan.


Prologo


Entre la espesa maleza de un bosque frío y lluvioso en Inglaterra, muy escondido y protegido, se encuentran las ruinas de un antiguo y majestuoso castillo. En tiempos remotos, rodeado de hechizos y leyendas, aquel castillo estuvo habitado por reyes y reinas de gran poderío y sabiduría. Pero la más destacada historia es la de la Bella y la Bestia.


El príncipe Edward, que ya tenía cumplidos los 17 años, aún no había encontrado a ninguna joven con quien desposarse. Ninguna mujer, fuera o no de la realeza, le atraía de modo especial. Cierta ocasión, una princesa llegó al castillo, con la esperanza de que su amor hacia el príncipe fuera correspondido. Edward rechazó a Tanya, la princesa, de modo sutil, haciéndole entender que el no era el hombre correcto para ella. Pero esta no lo tomo muy bien. La princesa desapareció, dejando en su lugar a una bellísima hechicera. El príncipe trató de explicarle por todos los medios que lo suyo no podría ser, que ella no era su verdadero amor. Pero ya era demasiado tarde. Segada por la ira y la venganza, Tanya lanzó un hechizo sobre Edward, que lo trasformo en un fuerte, hermoso y eterno vampiro, y lo mismo hizo con los demás humanos del castillo. Finamente, la hechicera se transformo en una rosa, que duraría fresca cien años; si antes que la rosa de marchitase lograba encontrar a una mujer a quien amar y esta le respondía con el mismo sentimiento, el hechizo se rompería, de lo contrario, seria vampiro por resto de la eternidad.


El príncipe se encerró en su castillo, con un espejo mágico como única ventana hacia el mundo exterior, saliendo únicamente para cazar. Con el paso de los años, el príncipe Edward empezó a dejarle importancia al asunto, aceptando que era imposible que él y una doncella se enamorasen. Después de todo, ¿quién amaría a un vampiro? ¿Quién amaría a un moustro? ¿Quién sería capas de amar a una Bestia?


POV Bella


El gallo cantó por tercera vez en la madrugada. El alba empezaba a nacer. Entonces decidí levantarme. Me vestí deprisa y salí caminado hacia el pueblo. Las calles se iban llenando de gente, los puestos empezaban a abrir. Solo se oía “Hola”, “¿Qué tal?”, “Buen día”. Todo era tan igual que cuando yo llegue a este pueblo. El panadero, el frutero, el carpintero, como siempre, sus puestos han de abrir. Este lugar era agradable, lo admito, pero no era… cómodo. Me dirigí hacia la biblioteca, como todas las mañanas, por un libro nuevo. Los libros. Mis únicos acompañantes, además de mi padre, en este rustico pueblo.


Buen día, señor Marco – salude al dueño de la librería una vez que entre.

¡Muy buen día, Bella! – saludo. – ¿Ya terminaste de leer el libro?

Aja. ¿No tiene nada nuevo hoy? – pregunté mientras depositaba el libro que había acabado de leer en las manos Marco, y me dirigía hacia la estantería llena de textos.


Marco era una persona mayor. Con el cabello castaño y ojos negros, que dejaba entrever que en su juventud fue muy apuesto. Y que, extrañamente, aun se negaba a desaparecer, aunque ya tenía más de un par de arrugas en el rostro.


No desde ayer­­­­ – respondió en una risa. Que bien conocía mi rutina este hombre.

Bien, entonces me llevaré… este – dije mientras sacaba un libro del estante.

¿Romeo y Julita? Oh. De acuerdo.

Muchas gracias, señor Marco – me despedí mientras salía del local. La verdad, no me gustaba hablar mucho.

Hasta mañana, Bella – se despidió este.


Afuera, como todos los días en este pueblo, se encontraban Erick, Tyler, Ben y Alec. Que no se por que rayos siempre estaban afuera de la biblioteca, si seguramente jamás en su vida han leído un libro de mas de 40 paginas. No, me equivoco. Si lo sabía. Desde que había llegado, habían querido que los considerara más que amigos. Me invitaban a los bailes y banquetes que se celebraban en el pueblo. Muy sutilmente me había negado a todas sus invitaciones y cortejos. No se por que, pero para mi, tener pretendientes indeseados era mas un dolor de cabeza que un halago.


¡Buen día, Bella! – saludaron estos.

Buen día – les respondí mientras despegaba los ojos del libro unos segundos para verles los rostros.


A pocos pasos de ahí se encontraban Jessica, Lauren, Jane, y las gemelas, Rachel y Rebecca; en una intensa conversación llena de cuchicheos. Vi de refilón que ellas volteaban a mirarme de reojo y alcancé a escuchar:


Isabella es una chica extraña – le aclaraba Jane.

Siempre pegada en esos libros – añadía Lauren con su voy nasal y estridente.

Ella es diferente a nosotras – dijeron las gemelas al mismo tiempo.

Y tiene a mi Mike loco por ella – reclamaba con ira y desden Jessica.


Avancé hacia la salida del pueblo. Definitivamente, si caminaba rápido, tropezaría, ya que no tengo muy buen equilibrio que digamos. Ya casi llegaba. Esperaba no encontrarme con…


Buenos días, Bella –…Mike.

Buen día – genial, maravilloso, estupendo, perfeccto. Lo que me faltaba. Seguí mi camino sin apenas mirarlo.

Isabella, creo que es tiempo de que empieces a pensar mas en tu futuro. A mi – declaró mientras me quitaba el libro de las manos.

¡Mike! – le reclamé mientras trataba de quitarle el libro.

Ni siquiera tiene dibujos. Que aburrido – lo ojeo dándome la espalda.

Para eso existe la imaginación.

Bella, no es bueno que una mujer lea; le dará ideas, le ara pensar…– hizo una cara de asco que me dejó paralizada de la repulsión.

Eres tan machista…– le dije sabiendo que no sabría que seria esa palabra.

Gracias, Bella – correcto – ¿Porqué no mejor platicamos en mi cabaña?

No gracias, Mike. Ahora, si me despulpas – le respondí de forma tosca mientras, por fin, le arrebataba el libro de sus toscas manazos. – tengo que irme.


Me di media vuelta y caminé tan rápido como mi equilibrio me lo permitía, hacia la casa. Al entrar deposité el libro en la mesa y volví a salir, para dimirme al granero que teníamos en la parte posterior derecha de la casa. Mi padre no se encontraba, pues había salido a pescar. Charlie era comerciante, así que de todos modos, no lo veía frecuentemente. No teníamos una mina de oro, pero al menos éramos una pequeña familia acomodada. Recordé lo que me había dicho hacía una semana.


“Bella, no me agrada la idea de que quedes sola en la casa.” – fueron sus palabras exactas – “No se como te las arreglas.”

“Descuida papá” – le había respondido – “no quiero que renuncies a tus viajes y a la pesca por mi culpa. Créeme, se cuidarme. ”


Entendía su preocupación. Mi madre, Reneé, había fallecido días después de mi nacimiento. Y desdé los cinco años, Charlie me había enseñado a usar el puñal y la pistola – que eran muy pesados – para que supiera defenderme para cuando me quedara sola en el hogar. Aunque a mi no me molestaba en absoluto. Disfrutaba de mi soledad en lugar de sentime sola.

En eso pensaba mientras recogía un par de huevos para el desayuno, cuando escuche el sonido de los cascos de un caballo.


¡Papá! – exclamé sorprendida. Normalmente llegaba a medio día.

¡Bella, cariño! – dijo cuando bajó a mi lado de Eclipse, nuestro caballo – Billy me fue a buscar al lago, y ha dicho que unos clientes importantes me buscan Liverpool. Tengo que partir mañana mismo – me informó.

Esa es una excelente noticia papá. Me alegro – le dije mientras el desensillaba al caballo y lo metía al establo.

Espero que no te sientas sola en mi ausencia – su voz era seria.

Para nada, papá.


Ambos nos dirigimos a la casa en silencio. A ninguno nos molestaba el silencio; eso era una de las cosas que había heredado de Charlie. Al entrar, el se sentó en su sofá y yo tomé mi libro para sentarme en la silla mecedora. Tenía que preguntárselo.


¿Papá?

¿Si?

¿Tu crees que soy rara?– pregunte en un susurro.

¿Mi hija? ¿Rara? ¡¿Y de donde has sacado eso?!– exclamo sorprendido.

No se – acepte – en el pueblo hablan mucho de eso. No hay nadie con quien platicar – le confesé.

¿Y que me dices de el chico de lo Newton? Es guapo.

Mike es guapo, cierto, y engreído, machista, egoísta… – suspiré – no papá, no es mi tipo.

Bueno. Espero que este negocio salga bien. Entonces podremos iniciar una nueva vida – me consoló con una sonrisa. Esa también era otra de las cosas que teníamos en común. Nos costaba dar muestras fuertes de cariño.


A la mañana siguiente, Charlie salio temprano de la casa hacia su negocio, montado en Eclipse. Me apresuré a hacer todos mis quehaceres para poder leer con más comodidad “Romeo y Julieta”. Me había quedado en la parte en que Romeo y Julieta finalmente se casaban a escondidas de sus padres, amigos y de Paris. Cuando terminé me acomodé en la cama para leer. Lamentablemente, lo acabé de leer muy pronto. Demasiado pronto para mi gusto.

Rodee sobre la cama hasta quedar boca arriba.


Si. El amor de Romeo y Julieta era hermoso; casi perfecto, me atrevería decir… Y era imposible. Al menos lo era para mí. Yo, que no tenía toda la suerte del mundo a mi favor. Que posiblemente nunca encontraría el verdadero amor. Por que, en primer lugar, no era bonita ni atractiva, no tenía nada que de verdad llamara la atención. Y para echarle mas leña al fuego, era extraña, rara, casi loca.


Entonces nunca encontraría a un hombre que de verdad me amará; que no solo se fijase en que soy una mujer en edad de casarse y que puede darle todos lo hijos que el quisiese.

Si. Mi vida no tenía suerte. Primero, había perdido a mi madre, a la cual jamás de los jamases conoceré. Segundo, nunca enconaría el amor, y por eso odiaba a Julieta, la odiaba por que ella si lo había encontrado y amado con necesidad y pasión. Y tercero…


Fue hasta entonces que me di cuenta que estaba llorando. Rápidamente me limpie las lágrimas. No es que me diera miedo que alguien viera que había llorado, lo cierto es que no me importaba en absoluto. Era solo que ya había llorado tantas veces sobre ese tema que me había prometido no llorar más, no sufrir por cosas que bien sabía que pasarían, que no me debía cuestionar.

No se en que momento me quedé dormida, pero desperté al alba.